"Un gran corazón"
Jueves, 25 de diciembre de 2025
"Nuestros viajantes seguían en Ciudad Escarlata, esperando su turno para entrar con el gran mago. Leonardo había sido el primer valiente voluntario para entrevistarse con el hechicero. Ahora solamente quedaban tres. No sabían qué había sucedido con él, esperaban que hubiera conseguido lo que tanto anhelaba.
De repente la gran puerta escarlata se abrió. Los tres restantes se miraron unos a otros. Comprendieron que era el momento de que alguien más entrara. Indecisos de quién debía ser el siguiente, se veían directamente a los ojos un poco nerviosos. Ninguno se atrevía a decir algo.
Entonces Tadeo se aventuró a ser el segundo en entrar. Abrazó a sus amigos y se encaminó hacia la gran puerta. Entró. Un guardia real le comentó que para encontrarse con el gran Mago de Oz debía de seguir la alfombra escarlata.
Atravesó grandes pasillos hasta llegar a un jardín interior. En él rebosaban las más hermosas y majestuosas flores. Los pájaros cantaban alegremente. Mientras contemplaba maravillado a su alrededor, se percató que en el centro del jardín se ubicaba una enorme y circular fuente, y sobre el borde de esta, pudo ver la figura de un hombre sentado. Supuso que él era el gran mago al que buscaba.
Caminó en su dirección. A unos cuantos pasos de llegar se detuvo.
- Bienvenido a Ciudad Escarlata, Tadeo - saludó el gran mago sin voltear a verlo.
Tadeo se asombró. ¿Cómo era posible que él supiera su nombre y sobre todo que estaba ahí si no había escuchado su llegada?
- Gracias por recibirme, gran mago - contestó el viajante.
- Gabriel, ese es mi nombre - corrigió el mago mientras volteaba a verlo - Sé que has viajado desde muy lejos. Así que dime, ¿en qué puedo ayudarte?
Tadeo respiró hondo, había llegado el momento que tanto imaginó durante su recorrido por el camino amarillo. Meditó bien cada una de las palabras que le diría al mago, quería ser lo más claro posible, quizás era la única oportunidad que tenía de entrevistarse con él, y no quería arruinarlo.
- He venido a pedirle me conceda un deseo - dijo por fin el viajero - Durante casi toda mi vida he sufrido en soledad. No tengo amigos, ni nadie que me estime, porque desgraciadamente no tengo un corazón que ofrecer. Así que vengo a solicitarle me de uno. Con el que pueda sentir la calidez de las personas, y pueda socializar con ellas. Ya no quiero vivir en soledad.
El mago Gabriel lo miró extrañado. Comenzó a pensar que aquellos viajeros eran algo raros. Por lo general la gente iba hacia él para pedirle riquezas, poder. Jamás en sus años de practicar la magia, pensó que llegarían a pedirle aquellas cosas extrañas.
- Ven, siéntate a mi lado, por favor - comentó el mago.
Tadeo se puso nervioso. Nunca le habían pedido que hiciera eso, menos sentarse junto a un gran mago como un igual. Con temor hizo lo que le pidió.
- Escucha bien lo que te voy a decir. Porque en esto está tu salvación - sentenció el gran hechicero dulcemente.
Tadeo asintió con la cabeza y puso mucha atención.
- Déjame decirte en voz alta lo que tú ya sabes, pero que te niegas en aceptar. Tú no eres un ogro. No estás hecho de varias capas como la cebolla. No es que tengas un vacío en tu interior. Al contrario - dijo mientras ponía una de sus manos sobre el pecho del visitante - Aquí tienes un hermoso, loable y gran corazón. Jamás fuiste el gruñón que todo mundo decía. Simplemente ninguno de ellos fue lo suficientemente bueno para conocerte bien y descubrir el gran ser humano que eres.
El viajante se asombró con las cálidas palabras que le decía el mago.
- He escuchado lo que tus compañeros de viaje piensan de ti, y créeme que ellos están seguros de que eres el hombre más bondadoso y protector que conocen. A tal grado de que han depositado en ti una gran confianza, y sobre todo amistad. Ellos se dieron la oportunidad de conocerte bien, y al descubrir tu verdadero ser, hicieron un gran lazo de amistad, lo cual no lograrías si no tuvieras un corazón - hizo una pausa para que su visitante repasara cada una de estas palabras - Como prueba de ello está todo este viaje que hiciste con ellos. Si no tuvieras corazón, a pesar de las adversidades, no te hubieras quedado a ayudar a tus amigos. Por el contrario, te quedaste ahí para luchar con ellos como un gran equipo. Jamás fuiste egoísta, siempre velaste más por ellos que por ti mismo. Es por eso por lo que no pudo concederte un corazón, porque tú ya lo tienes, y mucho más grande de lo que crees. Y recuerda siempre esto: Un corazón no es juzgado por lo mucho que ama, sino por lo mucho que es amado por otros.
Tadeo sonrió satisfecho. Volvió a asentir con la cabeza feliz. Él tenía razón. En el camino se encontró con tres personas maravillosas, que a pesar de que todos estaban rotos de cierta manera, eso los unió para crear una hermosa amistad. Agradeció al mago estrechando su mano y salió del jardín con la intensión de reencontrarse con sus amigos y fundirse en un gran abrazo con ellos."
N.

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