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Bitácora de Recuerdos - Sabiduría

 

"Sabiduría"


Viernes, 26 de diciembre de 2025

"La sala de espera era realmente hermosa, pero al mismo tiempo silenciosa. Sofía y Dorothea esperaban su turno en el Palacio de Ciudad Escarlata. Curiosamente a pesar de que estaban nerviosas, podían percibir en el ambiente felicidad, alegría. Quizás eso era lo que representaba el gran Mago de Oz para su ciudad.

Hasta el momento no habían escuchado ningún comentario negativo hacia él, todos parecían adorarlo. Entonces las monumentales puertas de color escarlata se abrieron. Las chicas se voltearon a ver. D instó a la pequeña para que entrara primero. La niña asintió con la cabeza y se dirigió hacia las puertas. Suspiró hondo antes de dar el primer paso. 

Luego con decisión cruzó el portal. Caminó unos minutos por un gran pasillo sobre una alfombra color escarlata. Al final pudo ver otra puerta, pero más pequeña que por la que había entrado. Antes de que ella pudiera poner una mano encima para tocar, la puerta de madera cedió, abriéndose de par en par.

Sofía se descubrió en la entrada de una hermosa y enorme biblioteca. Sus ojos se iluminaron. Desde que tenía memoria era aficionada a los libros. Su madre lo había sido también, y gracias a que ella le leía todas las noches cuando estaba más pequeña, fue que le tomó amor a la lectura.

Despacio fue recorriendo la biblioteca, tocando con la yema de los dedos los grandes volúmenes de libros. Confesó que siempre había soñado con estar en un lugar así.

- Bienvenida a Ciudad Escarlata, Sofía - la saludó la voz de un hombre al fondo de la biblioteca.

La niña se asustó por unos segundos. La hermosura de la biblioteca había ocasionado que se le olvidara que estaba ahí para entrevistarse con el gran Mago de Oz. Movió la cabeza en dirección de donde provenía la voz. Encontró al gran mago sentado en un hermoso escritorio de madera en color obviamente escarlata, junto a un gran ventanal.

Sofía lo miró confundida, mientras él hojeaba un gran libro. Algo no le convencía por completo a la niña. No sabía qué pensar. Había creído que el gran mago sería un hombre mucho, pero mucho mayor. Si embargo, la persona que estaba sentada sobre ese escritorio tal vez sería en edad un poco más grande que Dorothea. Esto no le inspiró confianza.  

Un pensamiento negativo pasó por su cabeza. ¿Y si ese gran mago del que le habían hablado no era más que un charlatán? Para lo joven que lo veía no creía que fuera tan experimentado, a pesar de todo. 

- Puedes acercarte, si gustas - comentó el mago señalándole una de las sillas delante de él. 

No obstante, la pequeña no se movió de su lugar. Dudaba en acercarse a él, y no porque le inspirara miedo. Al contrario, se veía una persona agradable, pero seguía sin creer que él fuera el gran poderoso Oz del que su madre le había contado. 

- Mi nombre es Gabriel - dijo de pronto el mago - Entiendo que has viajado desde muy lejos, Sofía. Dime, ¿en qué puedo ayudarte?

A la pequeña no le sorprendió que supiera su nombre como a sus amigos. Sabía que si realmente era un verdadero mago debía de saber esa información de antemano. 

- No lo sé. Dímelo tú - contestó de golpe Sofía.

El mago Gabriel la miró detenidamente. Se dio cuenta que la niña estaba a la defensiva. Eso no le molestó para nada.

- Sé lo que estás pensando - refirió el mago Gabriel - Y créeme no eres la única.

- ¿En serio? - cuestionó la pequeña.

- Así es - afirmó el hechicero - Pero te diré lo mismo que a tus amigos. No te dejes engañar por las apariencias. Puede que sea el gran mago del que todos te han contado, o quizás no. Eso no lo decido yo, en este caso lo decidirás tú. 

A pesar de que Sofía seguía dudando del mago, este continuaba tratándola con amabilidad. De hecho, le pareció divertido, ella era la primera persona que había dudado de su poder, los demás habían creído que era capaz de hacer todo, sin límites. 

- Si realmente eres el gran Mago de Oz debes de demostrármelo - dijo tajantemente Sofía. 

El mago Gabriel esbozó una sonrisa divertido.

- Muy bien. Me parece justo - respondió el brujo - ¿Qué es lo que quieres saber?

- ¿Quién soy yo y por qué estoy aquí? - contestó la niña en forma desafiante. 

- Tu nombre es Sofía. Vienes desde muy lejos, especialmente de un lugar en el campo. Tu padre tiene un granero, que fue donde te encontró tu amiga Dorothea. Eres la menor de cinco hermanos varones. Tu madre, a la que siempre fuiste muy unida, falleció cuando tú tenías tan sólo cuatro años. La extrañas cada día como si fuera el primero. ¿Voy bien? - preguntó curioso el mago.

La niña no se dejaba engañar tan fácilmente. Aquella información podía habérselo contado Tadeo o Leonardo antes.

- La razón por la que estás aquí es porque quieres que te conceda un deseo - prosiguió el mago Gabriel ante el silencio de la niña - Tus hermanos se han burlado de ti por muchos años diciéndote que eres tonta. Es por ese motivo que quieres que te dé un cerebro. 

El hechicero observó a la niña. Se percató de que todo lo que acababa de decirle no le sorprendía. Supo que ella sería difícil de convencer.

- Sé que te cuesta trabajo confiar en la gente - continuó el gran mago levantándose - Y no digo que estoy en contra de eso, al contrario, creo que es algo muy prudente de tu parte. Aunque para serte sincero, yo no estoy aquí para convencerte o no si soy realmente un gran mago. Pero te diré una cosa. No puedo concederte lo que me pides. 

Sofía lo miró poniéndose más en guardia. Supuso que si él no podía darle lo que ella pedía era porque no era un mago verdaderamente.

- ¿Sabes por qué no puedo darte un cerebro? - preguntó acercándose un poco a ella - Porque tú ya tienes uno. 

Por primera vez ella se sorprendió. 

- Así es - siguió explicando el mago hasta que llegó a una distancia lo suficientemente prudente de la niña - Siempre lo has tenido. Y te confesaré algo: Jamás has sido una niña tonta. Ciertamente eres la pequeña más inteligente que he conocido hasta el momento. La razón por la que tus hermanos se burlan de ti no es porque seas tonta, sino porque hay mucha gente que cuando no comprenden algo, lo más fácil para ellos es tratar de minimizar a la persona, no pueden aceptar que alguien puede ser más inteligente que ellos. Para serte sincero, eso sí se me hace tonto. Tener que hacer sentir menos a alguien solamente porque sabe más o entiende cosas que tú no puedes, se me hace lo más repugnante que puede hacer el ser humano. 

Pausó unos minutos. El gran mago necesitaba que ella recapacitara cada una de aquellas palabras. Necesitaba que se convenciera a sí misma de que nunca le había faltado inteligencia, sino que podía ser alguien mucho más sabía si se lo proponía, incluso mucho más que él mismo. 

- Sé que has intentado convencerlos muchas veces de que eres inteligente - continuó el mago - Pero al igual que yo te lo comenté, no necesitas demostrarle a nadie lo que eres. Solamente necesitas creértelo tú, y nadie más que tú. Si tienes confianza en ti misma, no habrá ningún poder humano, ni magia que pueda detenerte. No me es permitido revelar el futuro, pero aquí en confidencia entre los dos, sé de muy buena fuente que serás una persona muy respetada y extraordinaria cuando seas adulto. Pero únicamente será posible si crees en tu poder interior. 

El mago Gabriel le sonrió tiernamente. Ella había empezado a dejar caer sus murallas. Su incredulidad comenzaba a desvanecerse. Sus palabras surtían el efecto que él esperaba.

- Si quieres pruebas de que eres una niña inteligente, solamente necesitas mirar hacia atrás - prosiguió el hechicero - Sin tu sabiduría jamás hubieras podido ayudar a tus amigos a salir de los enredos en los que estuvieron durante el camino para llegar aquí. Si no tuvieras cerebro nunca hubieras podido diseñar una estrategia para combatir a la bruja del oeste. Es más, si no tuvieras cerebro no hubieras podido poner en tela de juicio mi poder. Los que no tiene cerebro no pueden pensar siquiera. Y puedo afirmar que en estos últimos minutos has estado pensando muchas cosas.

La niña lo miró a los ojos y asintió con la cabeza. 

- Quizás no creas en mi poder. Y eso no está mal. Lo malo es que no creas en el tuyo. Si no crees en ti misma, nadie más lo hará - dijo el mago Gabriel mientras le hacía un guiño divertido. 

Entonces la pequeña por fin le sonrió, convencida de todo lo que él le había dicho.

- Fue un honor conocerte, pequeña Sofía - el mago le extendió la mano para despedirse - Sé que pronto sabré cosas extraordinarias de ti.

La niña le estrechó la mano con cordialidad. El mago se dio la media vuelta para dirigirse a su escritorio. 

- La razón por la que tu mamá te llamó Sofía es por lo que significa - dijo el hechicero cuando estaba a medio camino de su destino - Tu nombre deriva del griego que significa sabiduría o la que tiene sabiduría. Tu madre siempre pensó que serías una niña muy inteligente. Es por eso por lo que te inculcó el gusto por los libros, porque sabía que todo ese conocimiento te llevaría muy lejos. Eres bienvenida a quedarte aquí y llenarte del conocimiento de todos estos libros. Y recuerda algo: El conocimiento es poder. 

Sofía volteó encantada a ver el estante más cercano. No podía creer que pudiera tener acceso a todos esos maravillosos libros.

- Muchas gracias, gran mago...- agradeció la niña volteando hacia el escritorio, sin embargo, no lo encontró ahí. 

Revisó anonadada con la vista toda la biblioteca en busca del hombre. Por primera vez en todos esos minutos comprendió que él realmente era el gran Mago de Oz. Había desaparecido como por obra de magia."

N. 

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