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Bitácora de Recuerdos - El valor de la valentía

 

"El valor de la valentía"


Jueves, 25 de diciembre de 2025

"Leonardo atravesó las grandes puertas en color escarlata. Se encontraba sumamente nervioso. Se molestó consigo mismo, no podía acobardarse en ese momento. Estaba a punto de cumplir con el propósito de su viaje. De conseguir el deseo más profundo de su corazón. 

Entró a una gran habitación. Cada vez más nervioso, miró a su alrededor. Caminó por una alfombra color escarlata. A los lados de esta se encontraban pinturas y esculturas de grandes héroes. Durante toda su vida había anhelado ser como ellos. Tener la valentía de realizar grandes hazañas que pasaran a la historia, y de las cuales su familia pudiera estar orgullosa.

Mientras sus pies lo dirigían al final de la alfombra, pudo divisar a lo lejos la figura de un gran trono. La luminosidad que entraba por el enorme ventanal que se encontraba a espaldas del trono, no lo dejaba observar bien, pero pudo ver la silueta de un hombre sentado ahí.

Cuando llegó a una distancia considerable, sus ojos se entornaron con sorpresa. Revisó al hombre de pies a cabeza. No sabía qué pensar en ese momento. Se detuvo al final de la alfombra sin saber qué decir.

- Bienvenido a Ciudad Escarlata, Leonardo - dijo una voz ronca, pero dulce que provenía del trono - ¿Estás decepcionado de lo que ves? - preguntó seriamente el hombre.

Leonardo volvió a sorprenderse, ¿cómo esa persona pudo adivinar sus pensamientos? Solamente un gran mago podía hacerlo. Sin duda, él debía de ser el gran mago del que todos le habían hablado.

- Sí, es correcto lo que piensas - dijo la voz masculina mientras se ponía de pie - Mi nombre es Gabriel, mejor conocido como el Mago de Oz.

Leo se inclinó para hacerle una reverencia, pero el gran mago lo detuvo con un gesto.

- No es necesario. No soy ningún tipo excepcional. Solamente he utilizado mis habilidades para ayudar a los demás - comentó mientras se acercaba a él.

Ambos se quedaron en silencio por un par de minutos, frente a frente. Leonardo pudo observarlo mejor. Durante todo el camino hacia Ciudad Escarlata, imaginó que el gran Mago de Oz sería un hombre alto, corpulento, con una mirada seria. No obstante, la persona que tenía delante de él era totalmente lo contrario. 

El Mago de Oz era un hombre, aunque bien parecido, un poco bajo para su gusto. Quizás estaría un poco más alto que la misma Dorothea, pero no más que él. Su tez morena, sus ojos cálidos y sonrisa amable lo desconcertó por completo. Incluso era demasiado joven para ser el gran mago del que todos hablaban.

- Que las apariencias no te engañen - dijo soltando una risa divertida - Sé que tal vez pensaste que sería un mago viejo y cascarrabias. Algo así como el gran mago Merlín. Pero ten en cuenta algo, la sabiduría no viene de los años vividos, sino de las experiencias que has tenido en el camino. 

Leo reflexionó lo que acababa de decir el mago, y comprendió que tenía razón.

- Ahora, dime. ¿En qué puedo ayudarte? - preguntó el mago Gabriel mirándolo directamente a los ojos, aunque para hacer eso tuviera que mirar un poco hacia arriba.

- He venido desde lejos para que me haga el favor de concederme un deseo - empezó a decir Leonardo muy nervioso - Durante todo lo que llevo de vida me he dado cuenta de que hay algo que me falta. Algo que es necesario para que pueda seguir viviendo. 

- ¿Y eso qué es? - cuestionó el mago intrigado.

- Valentía - respondió el viajero - Siempre he sido un cobarde. Jamás me he podido enfrentar a nada, ni a nadie. Cuando lo intento, un gran miedo me atormenta y salgo corriendo como un cobarde. 

El Mago de Oz lo miró con extrañeza. No podía creer que un hombre como él, corpulento y alto sintiera que era un cobarde.

- Ven, sígueme, por favor - dijo de repente el mago. 

Leonardo confundido hizo lo que le pidió, y lo acompañó detrás del trono. Casi llegando al gran ventanal, el gran mago se detuvo a un lado de un majestuoso espejo. Volteó a ver a Leo.

- Acércate al espejo - ordenó el mago Gabriel - ¿Y dime qué es lo que ves?

Leonardo se acercó y posó frente al espejo. Movió la cabeza de un lado a otro mientras observaba lo que el espejo le mostraba. Luego de un par de minutos se quedó callado, sin saber qué contestar. Esperaba ver algo más que su simple reflejo. Después de unos cuantos minutos se rindió. 

- Solamente puedo ver mi reflejo - contestó Leo malhumorado.

- Exacto - confirmó el gran mago - Este espejo no es uno común. Te muestra, entre otras cosas, las necesidades más profundas de las personas. 

Leonardo lo miró confundido.

- Déjame explicarte algo - dijo el mago Gabriel - Ser valiente no significa solamente tener fuerza bruta. De meterse a una pelea sólo por pelear. Lo que realmente significa es saber enfrentarse ante las adversidades. Sacar el coraje para salir adelante a pesar de todo, y de lo que digan los demás. No es que seas cobarde, sino que tu inteligencia es superior a los otros como para saber diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto. Confundes la cobardía con la prudencia. 

El gran mago se detuvo unos segundos para darle tiempo a su visitante en comprender aquellas palabras.

- Prueba de ello es el recorrido que te trajo hacia aquí - continuó el hechicero - Si no tuvieras valentía, no te hubieras embarcado en un viaje peligroso y desconocido. No te hubieras enfrentado de la manera en que lo hiciste contra tus miedos. 

De repente algo cambió en el espejo. Ahora Leo no solamente se veía así mismo reflejado, sino que también aparecían las figuras de sus amigos detrás de él, sonriéndole. Volteó hacia atrás, pero comprobó que físicamente no estaban ahí, solamente en el cristal del espejo. 

- Y claro está - prosiguió el mago Gabriel - Si no fueras valiente, ninguno de tus amigos estaría aquí ahora. Porque fuiste lo suficientemente valiente para librar una batalla contra la bruja del oeste, sin importar si salías malherido. Arriesgaste tu propia vida para salvar la de ellos. Y créeme, ese es el tipo de valentía que poca gente tiene. Por esa misma razón el espejo no te muestra nada más que tu reflejo. Así que no puedo concederte tu deseo, porque tú ya lo tienes, solamente necesitabas algo que te impulsara a demostrarlo - culminó el gran brujo. 

Leonardo meditó cada una de las palabras que le decía el gran mago. Retrocedió en sus recuerdos. Se acordó del gran miedo que tuvo cuando encontró a sus amigos por el camino amarillo. También del miedo que se apoderó de él durante todo el trayecto. Y sobre todo, cuando se enfrentó a la bruja en persona. No obstante, nada de eso lo detuvo. Siguió adelante a pesar de todo. Sonrió. El mago tenía razón. Siempre había sido valiente, pero se había creído las palabrerías de las personas, en un mundo en el que, si no muestras lo macho que eres, eso significa que eres un cobarde. 

Leo miró al mago. Le extendió la mano en agradecimiento. Y luego de estrecharse las manos con cordialidad, salió por la puerta en la que ingresó. Pero ya no era el mismo joven que había entrado hacía unos minutos a esa habitación, sino que ahora tenía confianza en sí mismo. En que jamás había sido un cobarde, sino un gran luchador en los momentos oportunos. Ya no dejaría que la gente le nublara la mente con sus comentarios fuera de lugar. De ahora en adelante solamente creería en sí mismo."

N. 

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