"El baile de primavera"
Viernes, 26 de diciembre de 2025
"Si durante el día Ciudad Escarlata era hermosa, por la noche tenía una magia que te hacía sentir en un cuento de hadas. Nuestros viajeros salieron del palacio para dirigirse al baile de primavera, que se llevaría a cabo justamente sobre la plaza principal.
Alrededor de la fuente central notaron mesas puestas para todos los asistentes. Cada una de estas estaban reservadas con los nombres de las personas que debían de ocupar cada lugar. Luego de buscar un poco dieron con la suya. Se pusieron un poco nerviosos cuando vieron que se sentarían justamente en la mesa del gran Mago de Oz, al fin y al cabo, eran sus invitados.
Una hermosa música instrumental comenzó a sonar. Los ciudadanos fueron llegando poco a poco. Entonces el gran mago hizo presencia. Durante el recorrido a su mesa, se detuvo a platicar con la gente del pueblo. Dorothea no podía evitar mirar cómo él interactuaba con las personas. A pesar del cargo que ostentaba, se desenvolvía de una manera gentil con todos. No había arrogancia en sus palabras, ni ego, ni superioridad, sino simplemente una persona más platicando con el resto.
De repente, el mago Gabriel desvió la mirada del hombre con el que charlaba en ese momento y la fijó directamente en Dorothea. Le esbozó una hermosa sonrisa. Ella se ruborizó y le contestó con otra. Él regresó toda su atención con los ciudadanos con los que estaba y luego de varias paradas, por fin pudo llegar a su mesa.
El gran mago se detuvo junto a la silla vacía al lado derecho de Dorothea. Y en vez de sentarse, dirigió un maravilloso discurso para inaugurar el baile. Después de una gran ovación, tomó asiento. Poco a poco comenzaron a servir cada uno de los platillos que conformaban la cena. Los viajantes se quedaron encantados con cada uno de estos, indudablemente era la comida más deliciosa que habían probado en sus vidas.
Luego del postre, la orquesta comenzó a tocar y sin saber cómo, una mujer mayor se acercó al gran mago para invitarlo a bailar. Él gustoso aceptó y se dirigieron al centro de la plaza.
Dorothea suspiró hondo mientras veía a todos bailar. Ella seguía sentada en la mesa, en esta ocasión sola, aunque Tadeo y Leonardo la habían invitado a bailar, ella cortésmente se había negado. Hacía años que no bailaba, no desde que su corazón se había roto por completo. Pensó que jamás podría volver a hacerlo. Sin querer su mirada se dirigía hacia el mago Gabriel, que de vez en cuando cambiaba de parejas de baile, quienes podían ser de diferentes edades. No cabía duda de que todos se estaban divirtiendo a lo grande.
- ¿Me concedería este baile, por favor? - le dijo una voz a sus espaldas.
Dorothea volteó extrañada y encontró al joven mago extendiendo su mano en manera de invitación.
- Lo siento, pero yo no bailo - respondió D en voz baja.
- Eso no lo creo - comentó el mago - Aquí todos bailan, es parte de nuestra tradición.
La chica suspiró hondo. El joven mago tomó su mano dulcemente y la guio hasta la pista de baile. La cercanía del mago mientras bailaban la ponía nerviosa, pero no en un sentido malo, sino que la hacía sentir cosas, como mariposas en el estómago. Sentía que flotaba en el aire mientras seguía sus pasos. Entonces la canción terminó, todos aplaudieron y regresaron a la mesa en lo que la orquesta tomaba un receso.
Por unos minutos el joven mago y Dorothea platicaron animadamente. No necesitaban tiempo para pensar en qué hablar, simplemente los temas de conversación salían sin más. Cualquiera que los pudiera ver en ese momento hubieran pensado que tenían años de conocerse. La orquesta volvió a su puesto. El gran mago se levantó y nuevamente le extendió la mano.
- Debo salir unos minutos de aquí antes de que venga alguien más a invitarme a bailar - comentó el hombre en voz baja - ¿Me acompañaría?
Dorothea se ruborizó. Asintió con la cabeza y tomó la mano del joven mago. Ambos salieron de la plaza principal y caminaron por los jardines situados alrededor del palacio. La conversación continuó. Solamente se podían escuchar sus voces alegres y hasta sus risas. De vez en cuando el gran mago la veía de reojo. En su mente se formulaban cosas que finalmente rechazaba sacudiendo la cabeza.
De repente quedaron frente a frente. Se miraron en silencio. Sus corazones latían muy fuerte, tanto que creían que se saldrían de sus pechos.
- Dorothea - inició el mago - Ha sido un gran gusto que vinieras a Ciudad Escarlata. Y me encantaría si al final decidieras quedarte.
- Creo que eso no es posible - dijo de pronto la chica - En cuanto tenga la oportunidad de atenderme, regresaré a casa.
El gran mago suspiró hondo. Su sonrisa se apagó un poco.
- Creí que te gustaba este lugar - replicó el hombre haciendo una mueca de disgusto.
- Y así es - contestó de inmediato D - Pero este no es mi hogar. Debo de regresar a casa, he estado demasiado tiempo fuera.
El gran Mago de Oz solamente asintió con la cabeza en silencio. Estuvo a punto de decirle algo más, pero divisó a lo lejos a su hombre de confianza.
- Me temo que debo retirarme - dijo tristemente el mago - Las labores no pueden esperar.
Esta vez fue Dorothea quien tristemente asintió con la cabeza.
- Ojalá que puedas replantear tu decisión - dijo el joven mago mientras le extendía una rosa color escarlata - Si no es así, ten en cuenta de que siempre serás bienvenida aquí.
La chica tomó la flor extrañada y vio al gran mago alejarse. Suspiró hondo. Su mente estaba confusa. No sabía qué estaba pasando en realidad. Ella solamente había ido ahí a buscar al mago para que le concediera un deseo, en cuanto eso sucediera debía regresar a casa, ahora con un nuevo corazón que presumir a todos."
N.

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