"El último deseo"
Sábado, 27 de diciembre de 2025
"Dorothea se encontraba en la tan ya familiar sala de espera, frente a esas monumentales puertas color escarlata. Su turno había llegado. Respiró hondo varias veces para contener su nerviosismo. Entonces las puertas se abrieron.
Ella entró. Emprendió el camino ahora por una alfombra color escarlata. Al final vio un enorme ventanal que contaba con una puerta abierta para salir al maravilloso balcón. El aire le llegó de golpe. Sus ojos se iluminaron por la vista. Ante sí podía ver todo el esplendor de Ciudad Escarlata. El paisaje desde aquel balcón le mostraba la gran extensión del lugar, pero sobre todo lo hermoso que era.
Sintió a su lado derecho a un hombre. Sin duda sería el gran mago.
- Es hermosa la vista - comentó de pronto Dorothea.
- Sí que lo es - respondió el hombre, sin embargo, él no se refería a la ciudad, sus ojos reflejaban otra cosa, la silueta de la chica.
Ambos se quedaron en silencio un par de minutos. El joven mango desvió su mirada de la mujer y suspiró hondo.
- Han sido ya tres días desde que llegaste a Ciudad Escarlata, Dorothea - inició el joven mago - Has viajado desde muy lejos para verme. Has esperado con paciencia esta entrevista. Y es tiempo de hacerte justicia. ¿En qué puedo ayudarte?
Dorothea volteó a ver al gran mago. Algo en su tono de voz la hizo desprenderse de la vista maravillosa de la ciudad. Se quedó unos minutos en silencio observándolo. Él tenía la mirada fija hacia el frente. Quiso comprender lo que sucedía. Hacía un par de días aquel hombre le había hablado con dulzura. Ahora su tono era serio, lo cual la sorprendió.
- Has viajado desde lejos para que yo te pueda conceder un deseo - dijo el gran mago ante la ausencia de palabras de la chica - Por muchos años has tenido un gran vacío en su corazón. Un dolor insoportable te ha atormentado. A tal grado de que no te dejaba vivir. Es por eso por lo que has venido hacia mí. Tu deseo es que te dé otro corazón, uno que no esté roto. Uno que pueda llenar ese gran hueco en tu pecho.
Silencio. D bajó la mirada, no obstante, siguió sin decir algo.
- Dicen que el destino no te da más batallas de las que no puedas enfrentar - dijo de pronto el gran mago - Seguí tu recorrido atentamente. Vi como a pesar del gran dolor que cargabas en tu corazón, continuaste en el camino amarillo para llegar hasta mí. Pero también fui testigo de las grandes y maravillosas cosas que encontraste en tu trayecto. A diferencia de tus amigos, tú si tenías algo vacío. Tenías un corazón roto. Desesperadamente emprendiste un viaje hasta Ciudad Escarlata para que yo reparara tu corazón.
El gran Mago de Oz hizo una pausa, esta vez no era para que ella entendiera el mensaje, sino para que a él no le doliera tanto lo que seguía.
- Lo que no has alcanzado a darte cuenta es que ese corazón ya está sanado - prosiguió el joven mago - Inesperadamente te cruzaste en el camino de tres personas totalmente desconocidas a las que decidiste ayudar, porque de cierta manera te identificabas con ellas. Y durante todo este tiempo, aquella bondad y generosidad que les brindaste fue devuelta. Ellos te dieron la más grande y pura amistad que hizo sanar tu corazón roto. Así que cuando llegaste aquí y tuviste la oportunidad de ser la primera en pasar ante mí, te sentiste confundida, porque la razón por la que viniste ya no existía. Desapareció con cada risa que compartiste con ellos. Con cada palabra de aliento que les dijiste para que pudieran continuar con su propósito. Con cada abrazo que compartieron. Y ese es el tipo de magia más grande del mundo, que ningún mago puede crear, ni siquiera yo.
Dorothea asintió con la cabeza. Revisó el rostro del mago en busca de algo. No sabía qué era. Lo único que su mente gritaba en ese momento era que quería que él la viera a los ojos. Su subconsciente le pedía en silencio que la volteara a ver. Sin embargo, eso no ocurrió.
- Es por eso por lo que no puedo concederte lo que me pides - concluyó el mago - Porque ya no hay nada que reparar.
Nuevamente silencio. Ella bajó un poco la vista al suelo. Curiosamente no sentía cómo pensó que sentiría. Había hecho un largo viaje hasta ahí. Había ansiado entrevistarse con el mago. Y aunque él tenía razón en todo lo que le había dicho, comprendió que su deseo había cambiado. Ya no era que le diera un nuevo corazón, o que reparara el suyo. Durante su trayecto hasta Ciudad Escarlata, así como los días posteriores a su llegada, una hermosa magia había sanado su corazón.
- El carruaje real estará disponible para usted y sus amigos para cuando gusten partir - dijo tajantemente el joven mago, todavía sin mirarla - Fue un gusto conocerla, Dorothea.
Y sin más, el mago dio media vuelta y entró al palacio.
Dorothea lo miró alejarse. Su cerebro le decía que saliera corriendo detrás de él. Que lo detuviera. Que le pidiera que la mirara a los ojos. Pero no pudo, se quedó ahí plantada con un nudo en la garganta.
¿Y ahora cómo le decía al gran Mago de Oz que su deseo había cambiado a último minuto? ¿Cómo le explicaba que ahora el deseo más profundo y desesperado de su corazón era él?"
N.

Comentarios
Publicar un comentario