"La decisión de no volver"
Miércoles, 26 de noviembre de 2025
"Estoy sentada frente a la computadora, tratando de que las lágrimas no salgan de mis ojos. La cabeza me da vueltas. A veces la verdad es más terrible que la mentira.
Cierro los ojos y recuerdo lo que sucedió hace algunos minutos. Desde hacía una semana uno de mis pequeños gatos se escapó de casa. En un momento de confusión él salió corriendo por la puerta de la casa. Mi madre y yo nos volteamos a ver confundidas. No podíamos creer que en especial ese gato blanco hubiera hecho eso. Por lo general cuando hay visitas nunca se atreve a acercarse a la sala, siempre se arrincona y luego de varias horas después de que los extraños se fueron, es cuando vuelve a aparecer.
Tardó tres días en regresar, pero curiosamente él solamente se paraba en una barda difícil de alcanzar a maullar. Por casi una semana tratamos de hacer hasta lo imposible por rescatarlo, sin embargo, cada vez que nos acercábamos él salía corriendo. Al principio pensamos que era por sus traumas del pasado, cuando era pequeño y vivía en la calle.
A pesar de ello, hoy muy decidida subí a la azotea con la intención de traerlo a casa. Mi hermano menor me acompañó, y aunque no se podía ver nada, puesto que eran más de las ocho de la noche, hicimos el peregrinaje para intentar rescatarlo. Como mi hermano había comentado que era yo quien debería de acercarme a él porque me tenía más confianza, emprendí el viaje, y con comida en mano traté de llamar su atención. El gato como tenía mucha hambre poco a poco fue acercándose.
En el primer intento por agarrarlo, me caí y el gato salió disparado para el otro extremo, así que decidí sentarme en el suelo, en medio de la negrura de la noche a esperar a que él decidiera arrimarse. Lentamente fue haciéndolo por el camino de comida que le fui aventando para que se aproximara.
Cuando estuvo muy cerca de mí intenté agarrarlo, pero él inmediatamente salió corriendo y entonces empezó la persecución. Entre mi hermano y yo tratamos de acorralarlo, sin embargo, obviamente él era más rápido que nosotros. Mientras más nos acercábamos, el gato más se alejaba y nos miraba desde la distancia. Aunque tratamos de hacer mil peripecias, él jamás cedió. Entonces en un momento de desesperación mi hermano menor comentó algo que entendería minutos después: Él no quiere regresar a casa.
En ese preciso instante mi mente no captó realmente la idea, fue hasta luego de varios minutos más tratando de atraparlo, que decidimos regresar a casa con las manos vacías. Mientras preparaba todo para tomar un baño, esperaba escucharlo maullar en la barda de siempre, no obstante, eso no ocurrió. Incluso ni una hora después volvió a aparecer.
Fue entonces cuando lo comprendí. Era cierto lo que mi hermano había dicho. Él no quería volver. Lo único que quería era que le diéramos de comer y luego de que sació su hambre, despareció. Ahí fue cuando mi corazón se rompió, y comencé a sacar unas cuantas lágrimas que no pude aguantar.
Y lo peor de todo, es que no solamente esto aplica para los animales, sino también para los humanos. Muchas personas únicamente tratan de llamar la atención para conseguir un beneficio, y luego de tener lo que querían, desaparecen.
Después de reflexionar lo anterior, mi corazón se partió más. No importa cuánto trates de mantener a alguien a tu lado, cuánto te esfuerces en complacerlo, en hacer que vuelva, si su decisión es no estar ahí, entonces no lo estará. Y debemos comprender que esa decisión no depende de nosotros, sino completamente de ellos. Así como el gato blanco, existen muchas personas en el mundo. De igual manera, así como hay personas como yo que intentan mantener a ese gato en sus vidas, hay otras en el planeta tierra que viven con el corazón roto porque alguien decidió no quedarse o no volver."
A.K.H.S.

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